Escritora

Etiqueta: Amor

La forma del agua

Título: La forma del agua

Autores: Guillermo del Toro y Daniel Kraus

Género: Fantasía, romántica

Editorial: Umbriel editores

Idioma original inglés. Traducción al español: Antonio Padilla Esteban

Año de edición: 2018

Formato ebook

ISBN: 978-4-17180-21-8

Sinopsis

Título: La forma del agua

Autores: Guillermo del Toro y Daniel Kraus

Género: Fantasía, romántica

Editorial: Umbriel editores

Idioma original inglés. Traducción al español: Antonio Padilla Esteban

Año de edición: 2018

Formato ebook

ISBN: 978-4-17180-21-8

Sinopsis

El visionario cineasta Guillermo del Toro y el renombrado autor Daniel Kraus combinan su formidable talento en una historia de amor tan conmovedora como fascinante. La forma del agua está ambientada en la ciudad de Baltimore en plena Guerra Fría, en el centro de investigación aeroespacial Occam, al que hace poco ha llegado un ser tan extraordinario como potencialmente valioso: un hombre anfibio capturado en el Amazonas.

Lo que sigue es una emotiva historia de amor entre este ser y una de las mujeres de la limpieza en Occam, quien es muda y se comunica con la criatura por medio del lenguaje de signos. Desarrollada desde el primer momento como un rompedor lanzamiento simultáneo —una misma historia recreada por dos artistas en los medios independientes de la literatura y el cine—, La forma del agua entreteje la fantasía, el terror y el género romántico a fin de crear un relato que resulta tan trepidante en el papel como en la gran pantalla. Prepárate para una experiencia distinta a todo cuanto has leído o visto.

Opinión

Vaya por delante que no he visto la película, por lo tanto no incidiré en el tema de cuál de las dos, si la película o la novela está más lograda, ya que carezco de elementos de juicio para ello. En esta reseña, hablaré únicamente de la novela y solo de la novela. Como queda reflejado en la sinopsis, se trata de una narración encantadora y llena  de ternura, muy imaginativa y diferente.

La historia de amor entre una joven que sobrevive a duras penas en una sociedad que la ha marginado desde la cuna y un ser extraordinario, casi mitológico, con poderes que rayan lo sobrenatural, cautiva desde el primer momento. Sin embargo, he de decir que me costó adentrarme en ella debido a las varias tramas secundarias que los autores desarrollan de manera simultánea y con tanta abundancia de detalles, que en algunos momentos logran eclipsar (supongo que no precisamente de manera intencionada) la trama principal. Esto, junto a las descripciones excesivamente minuciosas en ciertos pasajes, hace que el ritmo de la novela sea algo lento, sobre todo en la primera mitad. Es a partir del último tercio cuando comienzan a acelerarse los acontecimientos hasta conducir al desenlace de una manera vertiginosa.

Me gustaría añadir que La forma del agua, además de un canto al amor, es un canto a la amistad y a la libertad, a la vez que un alegato contra la mezquindad del mundo en que vivimos (no importa que esté ambientada en una época que ya creemos superada). Un plus a destacar son las preciosas ilustraciones que por desgracia no se pueda apreciar en todo su esplendor en el formato electrónico, en el cual yo he leído el libro.

Como nota negativa diré que el texto está plagado de leísmos (utilizados para el femenino), lo que me desagrada bastante, además de ser incorrecto desde el punto de vista gramatical. Puesto que el original está escrito en inglés, supongo que esto es achacable únicamente al traductor, aunque considero que una buena corrección debería haberlos eliminado de raíz.

Ya y como conclusión,  siempre en mi modesta opinión, lo mejor del libro es el final, hasta cierto punto sorpresivo para una novela en la que predomina la vertiente romántica por encima de las demás.

Enero

Mi corazón era duro acero

hasta que te cruzaste en mi vida           

en aquel, ya tan remoto día,           

soleado y frío de enero.          

 

Me creía hecha de puro hielo,           

pero cuando tu piel rozó con la mía,           

al leve aleteo de tu caricia,           

me derretí y me abrasé por dentro,   

        

con una llamarada tan viva           

que prendió para siempre mi corazón,           

que no se agota y arde todavía.     

      

Y sé, que hasta el fin de mis días           

sentiré vivo y palpitante este amor           

que nació años atrás, como una primicia.

El Savoy

Me lo contó Armando, el dueño del bar El Dorado

Me lo contó Armando, el dueño del bar El Dorado, mientras me tomaba un café rápido antes de volverme a casa.

―¿Te has enterado, Víctor? ¿Te acuerdas…? ¡Sí, hombre, sí! ¡Dónde el Savoy!

―¡Claro que sí!: El Savoy… ¿Cómo no me voy a acordar? Con los buenos ratos que tengo pasados allí.

En mi rostro se dibujó una sonrisa llena de nostalgia con la sola mención de ese nombre. Aquel era mi cine de referencia, el de mi barrio, el único que había existido en El Palomar desde que yo tenía memoria. Llevaba más de una década cerrado, pero siempre había tenido la ilusión de que sería algo pasajero. Llegaría el día en que un empresario forrado y amante de salas como las de antes se gastaría un pastón en reformarlo y lo reabriría por todo lo alto. Desde que dieron la última sesión tenía la certeza de que algún día El Palomar recuperaría su cine.

―Pues, nada… que me han dicho  que van a demolerlo y a poner un McDonald’s. Ya ves tú que manera de joderle el negocio a uno. Toda la vida luchando para levantarlo y llega una multinacional de esas a quitarle el sustento a tus hijos.

―Hombre, no será para tanto, Armando, tío. Que a esos sitios no van más que niñatos, ya lo sabes ―traté de quitarle hierro al asunto, aunque aquello también a mí me comía la moral―. Los parroquianos de siempre continuaremos viniendo aquí. No te quepa duda. Ya te digo yo que vas a tener clientela hasta que te hartes de poner cañas…

No podía quitarme de la cabeza aquellas palabras

Le pagué y me marché a casa. Sin embargo, no podía quitarme de la cabeza aquellas palabras de Armando, porque yo me había pasado media vida en aquella sala y El Savoy era para mí mucho más que un cine. Después de que lo cerraran, había añorado su aroma añejo y su aspecto decadente. Allí había visto mis primera pelis de mayores en compañía de mis amigos cuando todavía no éramos más que unos imberbes con la cara llena de granos. Años después, en las butacas de las últimas filas, como era típico entonces, tuve mis primeros escarceos amorosos. Allí estuve con Raquel, con Marina, con Paqui y con alguna más cuyo nombre no me viene ahora la memoria. También llevé a Elvira en nuestra primera cita. Pero con ella quería ir en serio, así que aquella vez nos limitamos a ver la película. Yo astutamente elegí para la ocasión una de miedo, con la idea de que en los momentos de tensión fuera ella la que se arrimase a mí. La treta me salió tan bien que llevamos juntos más de treinta años y tenemos dos hijos y tres nietos.

Al llegar a casa, Elvira ya me esperaba para la cena. También estaba mi nieto mayor, que se llama Víctor, como yo.

―A ti hoy te ha pasado algo ―dijo nada más verme―. No sé, parece como que traes mala cara, cariño. ―¡Ay mi Elvira! ¡Qué bien me conoce! Para ella soy un libro abierto.

¿De dónde has sacado esa idea, criatura?

―Nada, mujer. ¿Qué va ser? Que ya es viernes y estoy cansado. Mañana después de haber chafado la oreja a base de bien, estaré como nuevo. Ya verás ―le contesté desviando el tema, ya que no quería cargar al chaval con mis preocupaciones. Ya se lo contaría luego a ella.

―Yaya, a ver si le dices a la mamá cómo haces la tortilla, que a ella no le sale tan buena como a ti. ―Víctor siempre está igual, parece que todo lo que come aquí le sabe mejor que lo de su casa. Cosa de críos, supongo.

―Pues ya me extraña ―dijo ella con la boquita pequeña, ya que esos comentarios le hacen ponerse como una gallina clueca―, si la hace igual que yo. O eso creo… que para eso fui yo quien la enseñé.

―Pues algo tiene que ser porque la tuya siempre está más buena, yaya ―insistió el chico―. Aunque ahora, con el McDonald’s ese nuevo que van a poner, te va salir competencia. No creo que puedas hacer las hamburguesas mejor que ellos.

―¿Pero qué McDonald’s dices? ¿De dónde has sacado esa idea, criatura? Porque a mí nadie me ha dicho nada y eso que he estado en la plaza esta mañana.

―Ah, ¿no? Pues en el cole todos hablan de lo mismo. Parece que lo van a hacer donde estaba el cine ese que lleva toda la vida cerrado. ¿Cómo era…? Vaya, que no me sale el nombre ahora…

―¿No estarás hablando de El Savoy? ―le preguntó Elvira con cara de incredulidad.

―Muy bien, yaya. Eso es: El Savoy ―dijo el niño entusiasmado―. Ya es hora de que tiren ese edificio tan viejo y pongan algo que valga la pena.

Ella torció el gesto. Entonces la miré a los ojos y vi como una lágrima se le quedaba temblando en el párpado mientras le decía a nuestro nieto en un tono áspero, impropio de ella.

En aquel momento supe que era un hombre afortunado

―¿Qué pasa, que todo lo viejo os molesta, o qué? ¿No pueden poner el McDonald’s ese en otro sitio y dejar El Savoy en paz?

Víctor, el pobrecito, se quedó helado. No estaba acostumbrado a esa clase de exabruptos y menos aún de su abuela.

―Mujer, deja que los chavales disfruten. ¿Y a ti que más te da? Si hace un siglo que te digo de ir al cine y no quieres ―tercié yo, tratando de templar gaitas.

Por lo visto, mi intervención logró calmar los ánimos, porque enseguida añadió mientras se le recomponía el rostro:

―Ay, Víctor, hijo, no me hagas caso, que es que parece que ya empiezo a chochear. El yayo tiene razón. Total, el edificio ese ya solo sirve para criar ratas. Seguro que la nueva manzana quedará preciosa y le dará mucha vidilla al barrio.

En aquel momento supe que era un hombre afortunado por haber compartido gran parte mi vida con esta mujer excepcional que es Elvira. Sin embargo, el reflejo de sus ojos tristes y cansados me hizo comprender de repente lo viejos que éramos. Y me dio mucha pena pensar que una parte de nuestros recuerdos quedaría sepultada para siempre bajo los escombros de El Savoy.

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén