Escritora

Categoría: Poesía

Vientos de octubre

El otoño tiene siempre un toque nostálgico y a mí me da por escribir algún poema que otro. Aquí va una pequeña muestra.

En el breve crepúsculo

los vientos de octubre

despeinan

la quietud de mis versos.

Arremolinan las palabras

las agitan en un caos

de nubes y lluvia fina.

Si al menos lloviera

El ajetreo de la vida, las preocupaciones, la indolencia, qué se yo, llevaba muchísimo tiempo sin escribir un poema, pero hoy se ha producido este pequeño milagro y me he acordado de que soy poeta y he compuesto este poema dedicado a la lluvia.

Si al menos lloviera

aunque tan solo fuera

sobre el patio trasero de mi corazón

ahí donde arrumbo los rencores que me estorban,

que me lastran y me impiden ser un alma pura,

quedaría vivificado, dispuesto, joven de nuevo,

sin el resabio de los años vividos.

Si al menos lloviera

aunque tan solo fuera

sobre mis resquebrajados labios

el agua se llevaría consigo este polvo que me ahoga

y mi voz ahora pastosa, apenas un murmullo, se volvería clara,

audible y serena y podría decir con orgullo

mi oración laica, mi oración a la vida.

Si al menos lloviera

aunque tan solo fuera

sobre mis manos ya tan inútiles y cansadas,

el agua fresca les devolvería el vigor de los años pretéritos

la fuerza de sus caricias, la vanidad de sus actos,

la pericia perdida, la fineza de sus rasgos,

y las pondría al servicio de mil causas perdidas.

Los guerreros mueren de pie

Hoy hace años que falleció mi padre (24 si no me he descontado). Aunque es una herida cicatrizada y apenas duele, todavía me hormiguea cuando se acerca esta fecha. Los primeros años le dediqué muchos poemas, ahora hace tiempo que no le escribo nada, pero no quería dejar pasar el día de hoy sin publicar este soneto, que fue el primero que escribí en su memoria. ¡Por ti, papá!

Mis padres en el día de su boda

Gastado por el trabajo y la vida,        

pero siempre tan erguido y tan recio,           

te veo como soldado viejo           

mostrando antiguas heridas.      

     

Tú nunca supiste de horas perdidas           

y a tu derrota pusiste buen precio           

y aunque a veces mostrabas mal genio           

los que te rodeaban te querían.           

De entre todos, tú solamente           

tuviste la suficiente lucidez           

para ver el final de tu camino

           

y asumiste sin vacilar el destino           

traspasando ese umbral de misterio            

hacia lo desconocido que es la muerte

Ninguna playa (homenaje a Gloria Fuertes)

El pasado viernes 27 de noviembre se cumplieron 22 años desde que Gloria Fuertes, esa gran poeta de verso en pecho, no dejó. Aquí va mi sentido homenaje con este poema titulado Ninguna playa.

En el árbol de mi pecho

hay un pájaro encarnado

que agoniza de olvido.

En mis manos enjutas

una flor marchita

y en mi pupila,

prendida, una lágrima.

Hoy, vestida de invierno

lanzo mi última música

para invocar aquella primavera

que pasó de largo

en busca de más fértiles riberas.

Supervivo a todos los naufragios

mas vivo a la deriva:

isla ignorada

en el centro de un mar

que no me entiende.

No ansío ya ninguna playa.

Ya escribí mi última página.

Soy más vieja que mis años, que

el dolor envejece más que el tiempo.

No lloréis por mí:

cuando muere un poeta

no pasa nada…

Nota: las partes en cursiva son citas literales o versos de Gloria Fuertes

Volverá a ser octubre

Era octubre. Lo es todavía

blai bonet

El mes en que yo nací.

No se me ocurre

otro peor para nacer.

Un mes triste y aburrido

en el que la sombra otoñal

comienza a quitarle

el paso a la luz

y al calor del verano.

Y ya van a ser sesenta

celebrando mi cumpleaños

en la triste y odiosa

penumbra de octubre.

Puedo perdonarle

a octubre casi todo:

el frío, la lluvia, el comienzo

del curso escolar.

Todo, excepto

que me quite la luz.

Yo sin la luz no soy nada.

Imagen GBrote

Por todos los onces de septiembre

Lo peor de todo no es nada

y todo es siempre lo peor

Vicente gaos

Hoy es ayer y es mañana.

Hoy es todos los días.

Los muertos de hoy son los de siempre.

Las razones de hoy son las mismas

que las de ayer y de mañana.

La razón no es razón.

¡No hay razón!

Sólo sombras en la oscuridad,

débiles fantasmas que intentan remover

nuestras conciencias apagadas.

Los muertos de hoy son nuestros hijos,

al igual que los muertos de siempre.

Algunos tienen la suerte de morir de golpe

en un minuto, en un segundo.

Otros pasan su vida en agonía lenta,

muriendo poco a poco,

desintegrándose cada átomo de su esencia,

Esperando el consuelo de una muerte

 que no llega.

¡Muertos en vida!

Muertos que ya sólo quieren estar muertos.

Y los muertos de hoy son nuestros hijos

y los muertos de siempre son nuestros hijos.

¡Oh vida! Madre y madrastra.

Oda al insomnio

Cada noche es un desierto

que atravieso en soledad.

En el que me creo la única existente,

en el que pierdo la esperanza

de que una vez más

me vaya a rescatar el sol de la mañana.

Sé que me aguarda un túnel oscuro

en el que me adentraré mientras (des)espero.

Quiero apartar de mí estas tinieblas

que me envuelven en la agonía.

Trato de olvidarme de mí, de todo.

Olvidarme y perderme en ese espacio

que se me antoja como un pozo sin fondo.

Sé que luchar no sirve de nada:

es mejor dejarse vencer hacia lo hondo

sin oponer resistencia.

La espera será así más llevadera

hasta que un tenue rayo de luz crepuscular

me libere de la noche sin fin.

La aurora, sin embargo, tampoco es hermosa…

Enero

Mi corazón era duro acero

hasta que te cruzaste en mi vida         

en aquel, ya tan remoto día,           

soleado y frío de enero.          

 

Me creía hecha de puro hielo,           

pero cuando tu piel rozó con la mía,           

al leve aleteo de tu caricia,           

me derretí y me abrasé por dentro,   

        

con una llamarada tan viva           

que prendió para siempre mi corazón,           

que no se agota y arde todavía.     

      

Y sé, que hasta el fin de mis días           

sentiré vivo y palpitante este amor           

que nació años atrás, como una primicia.

El remiendo

Las lágrimas que no vertí
enturbiaron mi mirada
opacaron mis ideas
anegaron mi alma.

Pero no quise mirar atrás.

Las lágrimas que no vertí
se me colaron por las grietas
buscaron en vano
la salida por mí vedada.

Pero no quise mirar atrás.

Las lágrimas que no quise llorar ayer
hoy me revientan por las costuras
y no me queda otra que parar
a remendarme las entrañas.

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