Las casualidades de la vida

Sucede pocas veces que se describe un lugar ficticio en una novela y de repente entras en un local y te encuentras con que aquello describiste a tu conveniencia para la ficción existe casi idéntico en la realidad. Pues eso mismo me sucedió el sábado pasado, estando de firma en la ciudad de València, a la que tanto cariño le tengo.

Existe casi como tal y como lo imaginé

Entré en un céntrico café de la ciudad y me encontré con esta decoración, de la cual os ofrezco un collage y que era casi tal cual, yo la había imaginado. No tengo que decir que el susodicho café ni se llama Concordia, como en mi obra, ni está situado en el barrio del Carmen como yo lo ubiqué, pero responde con creces a mis expectativas.

A continuación tenéis el fragmento donde aparece:

Hacía tiempo que no iba por allí y me encontré con un local irreconocible. No quedaba ni rastro del Concordia que yo conocía, un café del montón con una decoración algo anticuada y que si por algo había destacado en el pasado, además de por su excelente ubicación en pleno barrio del Carmen, había sido por la simpatía de los camareros y por el buen café que en él se servía. Por el contrario, aquella tarde me encontré con un local lleno de glamury en el que en cada rincón se rendía homenaje a los grandes actores del cine clásico de Hollywood. Según me dijo Carlos, la reforma integral había sido obra del nuevo dueño, que por lo visto era un gran cinéfilo. En cuanto me acostumbré a la escasa luz pude advertir a un Paul Newman en plenitud que no me quitaba su magnética mirada de encima desde la pared del fondo. Al lado de Newman, una arrebatadora Marilyn hacía también ojitos al público masculino. En una de las paredes laterales lucían palmito Ingrid Bergman y Humphrey Bogart en una de las escenas finales de Casablanca, secundados a poca distancia por Clark Gable y Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó. Ahora mismo no los recuerdo a todos, pero había muchos, muchos más y yo estaba disfrutando como una loca de aquel nuevo ambiente tan cinematográfico. Sin embargo, las palabras de Carlos me sacaron de mi abstracción.

La llama de la soledad